Calor a distancia: las cocinas de inducción.

Basta acercar la mano a una placa eléctrica convencional en funcionamiento para comprobar la gran cantidad de calor que difunde en todas direcciones, y no solo en el recipiente colocado encima. En una cocina de inducción, por el contrario, la sartén o la cazuela están muy calientes, pero la placa permanece fría.

La energía, como por arte de magia, se transmite directamente al recipiente, no a la placa sobre la que está colocado. Esta es la razón principal por la que las cocinas de inducción son tan economizadoras –su eficiencia equivale a la de una cocina de gas y es bastante superior a la de una cocina eléctrica convencional.

La clase de energía que hace hervir el agua en una cocina de inducción no es muy diferente de la que posee un bolígrafo de plástico frotado con la manga de una chaqueta. Así cargado, el bolígrafo es capaz de atraer pedacitos de papel colocados sobre la superficie de una mesa.

Es un tipo de poder a distancia invisible llamado inducción electromagnética. Podemos dar un paso más enrollando alambre de cobre en torno a un clavo de hierro y conectando el alambre a una pila eléctrica: la fuerza que obtendremos es capaz de atraer objetos de hierro desde cierta distancia.

Una bobina de hilos de cobre ancha y plana es el corazón de la cocina de inducción. La corriente eléctrica lanzada a esta bobina genera un campo electromagnético de tal intensidad que, al tropezar sobre un material adecuado, como una cazuela de hierro, genera en él un exceso de energía tal que se resuelve en calor. El incremento de la temperatura es más rápido que en una cocina eléctrica convencional y el control de la temperatura es instantáneo, como el de apagar una llama de gas.

Los únicos recipientes adecuados para una cocina de inducción son los de hierro fundido. Este material está compuesto de infinidad de microimanes que responden de lo lindo a los campos magnéticos, incluso débiles, reorientando sus cargas eléctricas e incluso moviéndose físicamente si los trozos de hierro son lo bastante pequeños.

El intenso campo alterno creado por la bobina de inducción de la cocina provoca reorientaciones continuas de los microimanes del hierro, que se resuelven en calor. Ningún otro material (cobre, aluminio o cerámica) responde así al campo, aunque se venden adaptadores que permiten usarlos en este tipo de cocinas, si bien perdiendo de paso buena parte de su eficiencia.

hogarefi

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